Contaminación

by Javier Carro

Topics: La Voz de Galicia, Spanish press

Madrid es la ciudad más contaminada de España. Alberto Ruiz-Gallardón -el alcalde más votado- mantiene dos espinas en su corazón: conseguir unos juegos olímpicos y hacer su ciudad algo más habitable. Combinar el verde con el wifi, es estar a la vanguardia.

La T-4 o las cuatro altas torres que cambiarán el skyline madrileño no impiden tener un aire más limpio pero, bajo las torres -que llegan a 250 metros- pasarán 13.000 nuevos conductores. Un experimento visual: acercarse a la capital desde las afueras y ver la «seta de contaminación» que, en ocasiones, hace irrespirable el aire de Madrid, especialmente si uno se mueve en moto o bicicleta, aunque esta última, más que un vehículo es una temeridad. La bicicleta es el medio de transporte más utilizado en Copenhague, Amsterdam o Estocolmo, y si Gallardón pretende conseguir la Olimpiada, tendrá que hacer verdaderos esfuerzos por la utilización de carriles-bici y medios de transporte limpios, como en las ciudades que ya fomentan -vía exención de impuestos- vehículos eléctricos y menos contaminantes. Ya ha anunciado para el 2008 la prohibición de circular por el centro a los vehículos más contaminantes (todoterrenos y diésel). Mientras, su cuestionado departamento de salud municipal sigue sin facilitar las cifras sobre el nivel de CO2 y polución que respiran los pulmones madrileños.

Pero, ¿dónde están las mayores instalaciones emisoras de óxidos de nitrógeno? En León, Asturias y, especialmente, Galicia. Las centrales térmicas de Meirama y As Pontes (Endesa) superan el límite, con consecuencias como la peligrosa lluvia ácida. Con un pH inferior a 5,6 -el natural del agua de lluvia- afecta al suelo, la flora, los cultivos y, por ende, a los humanos. Más contaminación, la de los vertederos. En Medio Ambiente saben que Galicia es pródiga en vertederos incontrolados. Existe preocupación por el irrespirable olor que se produce en ciudades como A Coruña -donde nadie explica por qué- o Pontevedra -cuya solución es la prometida salida de la celulosa-.

Por último, la contaminación acústica. Desde el piano o equipo de alta fidelidad que, superando los decibelios permitidos por la legislación municipal, no deja a los vecinos disfrutar del silencio de sus hogares, al fenómeno del botellón, que trae de cabeza al alcalde coruñés Losada, al que reciben con caceroladas en la Ciudad Vieja. Sólo Santiago tiene ordenanza municipal. Las siete ciudades importantes de Galicia buscan implicar a la Xunta, en el ruido, suciedad y alcoholismo juvenil del botellón. Francia utilizará aviones de aeromodelismo para vigilar barrios conflictivos. Pero aquí, el que contamina no paga, se ríe.

 

 

Lunes, 18 de Octubre del 2007

Javier Carro, La Voz de Galicia

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