Hospitales en la retaguardia

by Javier Carro

Topics: El Mundo, Spanish press

El día 11 de Marzo a las 8,00 horas llegaba al hospital como solía hacerlo habitualmente. Previamente en torno a las 7.45 escuchaba a trabes de la radio, entre noticias confusas, que había habido un atentado en Atocha. Llamé al resto del equipo directivo y les propuse suspender, bajo mi responsabilidad (hasta ese momento se ponía énfasis en reducir la lista de espera), la actividad quirúrgica programada, ya que aun no sabíamos, a esa primera hora de la mañana, las victimas que había. En ese momento me vino a la cabeza una conversación que mantuve después del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York en el 11-S: <<Estábamos a la puerta del Hospital a la espera de heridos y estos no llegaban… Había fallecido>>. Tratamos de contactar con la conserjería, pero los teléfonos fijos y móviles estaban totalmente colapsados, no era posible mantener la comunicación, por lo que, a medida que pasaban las horas, fuimos dando información a través del fax, el cual se hizo un elemento indispensable.

El Hospital Puerta de Hierro, situado en zona residencial del Norte de Madrid, centro referente nacional e internacional en transplantes, actúo como hospital de la reserva, para asistir a otros centros en caso de colapso y atender aquellas operaciones complejas. Mi despacho se convirtió en el centro de control de las operaciones y la información que venia del exterior, las secretarias se convirtieron en más que nunca imprescindibles. En la sala de reuniones anexa decidí montar un gabinete de crisis, que estaba compuesto por distintos especialistas en la materia.

Nos iba pasando la relación de victimas, y era desolador, pues el número aumentaba constantemente. Estábamos ante el 11-S español, el mayor atentado sufrido en Europa  en su Historia.

Decidimos suspender las guardias localizadas, los cirujanos me llamaban por teléfono preguntando que podían hacer, como podían ayudar. Se ofrecieron para ir a otros hospitales, por lo que llamé al Director del Gregorio Marañón y al Doce de Octubre, para ver si necesitaban más médicos, cirujanos, enfermeras o material…

También decidimos preparar un dispositivo para una situación de nuevos atentados. El Hospital Puerta de Hierro destacó por una importantísima y silenciosa labor en estos casos: se puso a la cabeza en recepción de donantes de sangre, hasta el punto de que formaron enormes colas, y tuvimos que pedir, por aspectos organizativos, que no se colapsase el servicio de Banco de Sangre.

En las jornadas siguientes, hubo un constante goteo de heridos con secuelas menores, venían a que se les asistiera por problemas de oídos u otros daños colaterales. La sucesión de homenajes fue continua por parte de los responsables políticos. Todos los actos fueron de una enorme emotividad, y mentiría, si no dijese que en más de una ocasión la emoción hizo que las lágrimas fueran incontenibles.

El 11-M había dejado una enorme huella en mí y en Madrid. Supuso un balance final de 192 fallecidos y más de 1.400 heridos. Un año después, todavía se sigue presentando asistencia sanitaria a 218 personas. Además, hay 62.000 personas que padecen todavía depresión, 10.000 pacientes con estrés postraumático y 72.000 tienen ataques de pánico reiterados como consecuencia de los atentados del 11-M.

 

 

Viernes, 11 de Marzo del 2005

Javier Carro, El Mundo

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