La antorcha china

by Javier Carro

Topics: La Voz de Galicia, Spanish press

Ocho del ocho del dos mil ocho. No podía ser otro número más que el ocho, que es el número de la suerte para los chinos. Si miles de personas festejaron hace unos días en la plaza de Tiananmen la llegada de la antorcha, cien mil chinos vivieron el viernes el emotivo acto de inauguración en el estadio olímpico. El gigante de los Houston Rockets Yao Ming representa el crecimiento de los chinos. Una cultura milenaria basada en el confucionismo y de la que procede la pólvora, el papel, la seda, los fuegos artificiales, el arroz o las naranjas. China se ha convertido en un gigante, y su idioma será uno de los protagonistas de este siglo. Y, a pesar de los movimientos secesionistas en Xinjiang, el Tíbet, Ningxia Mongolia interior o Guangxi, China está más unida que nunca. Su mayor virtud, el orgullo de sus habitantes de sentirse chinos (se refleja en la estrella grande de su bandera).

El uso del idioma debe servir para unir a los pueblos y no -como en el caso español- para levantar muros lingüísticos entre las comunidades. En un mundo cada vez más interrelacionado, la lengua es eje de desarrollo profesional y una herramienta clave en la consecución de negocios.

La mayor carencia de España -y especialmente de Galicia- es la adecuación de sus estructuras productivas al siglo XXI.

La Organización Mundial del Turismo (OMT) pronostica que China suplantará a Estados Unidos como primer destino turístico en un plazo de solo doce años. Y se estima que en el 2030 puede convertirse en la primera potencia mundial.

En China, con 1.300 millones de personas, se hablan más de cien dialectos. Destacan el mandarín-pequinés, el wu y el cantonés. Para su cohesión interna, el chino oficial es el mandarín. Este poder del 20% de la población mundial ha hecho que Estados Unidos demande, sin cesar, profesores de chino.

Desde el 2004, más de un centenar de países cuenta con el Instituto Confucio. En Argentina y Costa Rica quieren implantar el chino como proyecto piloto en más de mil escuelas. Panamá -similar a Galicia- obligará a sus estudiantes, de escuelas públicas o privadas, a estudiar chino.

En la aldea global, dentro de dos años unos cien millones de personas estudiarán chino. Esta importancia económica del idioma se llama soft power.

Y China será el mejor escaparate para el cambio cultural y económico que se está produciendo en el mundo. Solamente los Juegos Olímpicos moverán más de 4.500 millones de dólares, pero son peanuts comparados con el desarrollo que se está produciendo en la nueva China. China ha despertado.

 

 

Domingo, 10 de Agosto del 2008

Javier Carro, La Voz de Galicia

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