Las consecuencias del caso Leganés

by Javier Carro

Topics: La Voz de Galicia, Spanish press

La Puerta del Sol llena. Miércoles por la tarde. Los miles de personas allí congregados soportaron un «día de perros». La lluvia hizo que la plaza se llenara de paraguas. La sanidad pública y Madrid, pero con repercusión en todo el país. Los profesionales médicos y de enfermería —que en los últimos años han visto como las denuncias hacia ellos se han multiplicado por cien— se han visto atacados por una Administración que antes los tutelaba.

El caso Lamela-Leganés ha marcado un antes y un después para nuestros profesionales sanitarios. Es sabido que un hospital es uno de los entornos más complejos de dirigir y, con una cierta frecuencia, se producen denuncias de todo tipo. El olfato de buen gestor está en averiguar, informarse, escuchar y, sobre todo, dialogar. No hacer el fuego más grande. El entonces consejero de Sanidad de Madrid, Lamela, abogado, actuó sin encomendarse ni a Dios, ni al diablo. Con frialdad tomó una decisión acelerada. Se equivocó. Quizás por su falta de conocimiento. Quizás por soberbia política. Se enfrentó a todo un sector. Se llegó a comentar que era «un caso de más de quinientos homicidios» o que «en Leganés se están cargando a la gente ». Digno de una novela negra de Robin Cook. Recuerdo el comentario que me hizo el, probablemente, más prestigioso médico de Vigo: «Este hombre ha perdido los papeles». El juramento hipocrático de los médicos se ponía en cuestión. Ya no salvaban vidas, mataban a sus pacientes. La gravedad del asunto saltó a la prensa nacional (es la información en sanidad que ha vendido más periódicos). Publicaciones de la categoría de British Medical Journal o The Lancet no se podían creer lo que pasaba en España: los médicos eran perseguidos por su propia Administración. Para entender la gravedad del asunto hay que remontarse a otro consejero de Sanidad del PP, Echaniz —médico—, que conocía las denuncias —anónimas— y no les dio pábulo. La actuación de Lamela provocó su cambio de consejería. Su viceconsejero, Canalda, prefirió, como otros altos cargos —también críticos—, dejar a Lamela en su empecinamiento. La propia Esperanza Aguirre reconoció públicamente: «A lo mejor nos hemos equivocado».

Paso tras paso, el juez fue privando de razón a Lamela. Hasta la última instancia, donde no cabe recurso. El jurista en sanidad más prestigioso de España, cuando estalló el caso, me dijo: «No hay fundamentos, lo perderán». Hoy, cuando un paciente alberga una duda, denuncia al médico. La relación humana médico-paciente ha desaparecido. Hoy prima la desconfianza.

Otro tipo de consecuencias: Lamela está acabado políticamente. Las fotos de Baqueira, un tesoro para sus rivales. Orgullo y prejuicio. Las querellas de los médicos le llegarán como bumeranes. Su sucesor, Güemes, adopta posturas huidizas y responde con el mensaje ofi cial. Esperanza está enojada por la mala imagen. Lamela creyó que el caso era el gustómetro de Sternberg. Su soberbia tendrá consecuencias electorales. La única solución: menos vanidad y asumir los errores. Así se construye el futuro.

 

 

Sabado, 23 de Febrero del 2008

Javier Carro, La Voz de Galicia

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