Un rey sin reino

by Javier Carro

Topics: La Voz de Galicia, Spanish press

Cataluña se ha convertido en un clamor de unos pocos por un «rey-no». Estos motines de Esquilache de medio pelo quieren hacer pasar a las mayorías por el ojo de la aguja de las minorías, y convertir el reino de España en un «rey-no», el primer paso a una república -la que desea ERC-. Los beneficiados: aquellos que buscan más autonomía -por supuesto, económica- y a los que esto les sirve como preludio para solicitar la desaparición del Estado.

Sin jefe del Estado no hay Estado (artículo 56 de la Constitución española). Sin Rey no hay reino. Y sin reino, no hay España. Afortunadamente, y a seis meses de unas trascendentales elecciones generales, esta es una de las pocas cuestiones que une a PSOE y PP. El respeto a las instituciones debe estar por encima de políticos y partidismos.

Esta campaña que trata de denigrar la imagen del Rey comenzó con unas declaraciones contra la Familia Real urdidas por Iñaki Anasagasti (PNV). A Anasagasti hace años que se le ve el pelo y tras sus «convicciones republicanas» están otros intereses. Al peneuvista le siguieron los disturbios de Gerona, en los que unos alborotadores quemaron la foto del Rey. Lo que a simple vista puede parecer una gamberrada es un ataque encubierto al Estado como nación. La nueva España, nacida tras la muerte de Franco, tiene cuatro símbolos de unidad: la bandera constitucional, el himno -todavía sin letra-, el idioma y la monarquía. Esta última ha sido el mejor ejemplo de la restauración democrática, y tanto el Rey como la Reina han sido objeto del cariño y el respeto populares. Es significativo que empresarios como Gerardo Díaz Ferrán -presidente de la CEOE- o Gonzalo Pascual -presidente de Spanair- se hayan manifestado públicamente a favor de la Corona, considerando a los Reyes como los mejores embajadores de España.

En 1700, Carlos II, el último Habsburgo -que no tenía descendencia-, cedió el trono al francés Felipe de Anjou. El nieto del Rey Sol fue reconocido como Felipe V, tras los tratados de Utrecht y Rastatt. Trescientos años después de la llegada de la dinastía de los Borbones se cuestiona su figura. Esta circunstancia impulsará que La Zarzuela sea más discreta, sencilla y transparente que nunca. Rajoy y Zapatero deben hacer un alarde de unidad, porque ya decía Cela que «este país no ha tenido ni Reforma, ni Revolución, ni Renacimiento, pero sí Contrarreforma. Ese es el gran drama de España, ser siempre anti, y no tener el valor de ser pro».

 

 

Jueves, 4 de Octubre del 2007

Javier Carro, La Voz de Galicia

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